La Catedral de Sevilla trasciende su imponente arquitectura gótica para consolidarse como un monumento no solo visual, sino profundamente sonoro. El Cabildo de la Catedral reafirma su compromiso con la difusión de la música sacra, invitando a fieles y visitantes a redescubrir el papel del órgano: una pieza que trasciende su función litúrgica para convertirse en un tesoro que combina arte y funcionalidad.
Una tradición que resuena a diario:
La vida litúrgica del templo sigue contando con la maestría de sus organistas titulares. Su labor es fruto de una tradición que se remonta siglos atrás y que encuentra su base en los valiosos fondos documentales musicales custodiados en el archivo de la Catedral. Gracias a esta labor, las partituras históricas siguen cobrando vida en cada celebración.
La restauración de lo inmaterial:
Este esfuerzo por mantener la excelencia sonora se entiende como una verdadera «restauración del patrimonio inmaterial». Al igual que los bienes muebles se consolidan mediante procesos técnicos, la música se preserva mediante su interpretación constante y rigurosa. Es un legado que vuelve a nacer cada día al resonar bajo las históricas bóvedas de la Catedral, convirtiendo el sonido de los tubos en el auténtico latido del templo, manteniendo vivo el espíritu de una institución que ha hecho de la armonía musical uno de sus mayores tesoros patrimoniales.






