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Los atriles de la Virgen de los Reyes: una obra de plata para leer los símbolos de María

Realizados en 1717 por el platero Manuel José Domínguez, los dos atriles del altar de Nuestra Señora de los Reyes combinan su función práctica con un elaborado programa iconográfico. Ángeles, inscripciones y atributos marianos convierten sus superficies en una sucesión de imágenes que hablan de la Virgen

Hay piezas del patrimonio de la Catedral que requieren acercarse mucho para comprenderlas. Es el caso de los dos atriles de plata del altar de Nuestra Señora de los Reyes, conservados en la Capilla Real.

A primera vista llaman la atención por la riqueza de su trabajo de platería. Sin embargo, una observación detenida permite descubrir algo más: su decoración está concebida como un verdadero programa de exaltación mariana.

Los atriles fueron realizados en 1717 por Manuel José Domínguez. Cada uno mide aproximadamente 42,5 x 36 x 15 centímetros y está construido sobre un alma de madera revestida de plata trabajada mediante diferentes técnicas.

La documentación conservada aporta además datos poco habituales sobre su ejecución. El recibo expedido por el propio platero permite conocer el peso conjunto de las piezas -51 marcos, 2 onzas y 1 real- y el coste de su hechura, fijado en 141 pesos escudos.


Pero para comprender realmente los atriles hay que detenerse en sus pequeños detalles.

Imagen: detalle del atril con una tumba abierta enmarcada por dos ángeles, con filacterias con epigrafías latinas del oficio de la Asunción de la Virgen

Ángeles que ayudan a interpretar la pieza

La ornamentación incorpora diferentes figuras angélicas acompañadas por objetos, arquitecturas, inscripciones y emblemas.

No cumplen únicamente una función ornamental. Los atributos permiten identificar diferentes títulos y virtudes atribuidos a la Virgen María.

El resultado es una pieza que puede ser contemplada y, al mismo tiempo, «leída».

Imagen: frontal del atril con el detalle del espejo

El espejo sin mancha

Uno de esos atributos es un espejo.

Su significado se explica mediante una referencia al Libro de la Sabiduría: María es presentada simbólicamente como espejo sin mancha, imagen asociada a su pureza.

Un angelote sostiene con una mano un espejo y con la otra la filacteria que lo explica: «especvlvm sine macvla dei maiestatis» («Inmaculado espejo de la majestad de Dios»), cita tomada del Libro de la Sabiduría (7, 26).

El detalle resulta especialmente significativo porque demuestra cómo un objeto reconocible podía adquirir un significado teológico dentro del programa ornamental.

Imagen: detalle lateral, angelito muestra un sillón

María, Sede de la Sabiduría

Otro ángel aparece relacionado con la representación de un asiento.

Se trata de la Sedes Sapientiae, la «Sede de la Sabiduría», otro de los títulos marianos incorporados al programa. La escena remite a las letanías lauretanas, y su filacteria añade un matiz más: «tv cvm filio tvo sedes ad dexteram patris» («Tú con tu hijo sentado a la derecha del Padre»), un verso que liga la imagen a la advocación de los Reyes que da nombre a la propia capilla.

La decoración del atril va construyendo así una sucesión de imágenes diferentes que remiten a una misma figura: la Virgen.

Imagen: detalle frontal, pórtico con columnas salomónicas sirve para expresar la imagen de María como Puerta del Cielo.

La Puerta del Cielo

Otro de los elementos representados adopta forma arquitectónica.

Un pórtico con columnas salomónicas sirve para expresar la imagen de María como Puerta del Cielo. La filacteria que porta que porta el ángel reza, «tv paradisi ianva» («Tú, puerta del paraíso»), en referencia a la letanía Ianua Coeli y a la interpretación de Anastasio de Antioquía, que llamó a María «escalera del cielo, puerta del paraíso, trámite de unión entre los hombres y Dios».

Es un magnífico ejemplo de cómo la arquitectura representada en miniatura también puede transmitir un significado religioso.

Imagen: trasera del atril donde un angelote señala el arca de Noé, sobre la que aparece la paloma con la rama de olivo que alude al texto bíblico del Diluvio Universal.

Un arca, una paloma y una rama de olivo

Entre los elementos más narrativos aparece el arca de Noé, acompañada de la paloma con la rama de olivo.

La inscripción dice «tv arca pietatis et gratiae» («Tú eres arca de piedad y gracia»), sentencia extraída de la misma oración franciscana de san Buenaventura que continúa: «y verdadera misericordia».

El episodio bíblico del Diluvio se incorpora así a la lectura mariana de la pieza.

Imagen: detalle lateral, un ángel muestra una estrella portando filacteria con la oración tomada del Oficio de la Virgen, «Ave estrella de la mañana, medicina de los pecadores».

La rosa y la estrella

La decoración incorpora además otros dos símbolos marianos: la rosa mística y la estrella de la mañana.

En la frontalera de uno de los atriles, dos ángeles enmarcan una tumba abierta con sendas filacterias tomadas del oficio de la Asunción de la Virgen: «exaltata est santa dei genitris» y «svper coros angelorvm ad caelestia regna», que juntas se traducen como «La Santa Madre de Dios ha subido, sobre coros de ángeles, al reino celestial».

En la base del segundo atril, dos ángeles de pie señalan una vara florida. La escena alude a la elección milagrosa de san José como esposo de María, y así lo confirman sus filacterias, ambas con pasajes del Evangelio de san Mateo: «cvm esset desponsata mater iesu maria ioseph» («Estando desposada María, Madre de Jesús, con José», Mt 1, 18) y «joseph fili david noli timere accipere mariam conjvgem tvam» («José, hijo de David, no temas en recibir a María como tu esposa», Mt 1, 20).

Ambos forman parte del repertorio de invocaciones marianas que encontramos en las letanías.

Son pequeños detalles dentro de una obra extraordinariamente elaborada, pero precisamente su escala invita a aproximarse a los atriles y contemplarlos de otra manera.

Imagen: Ángel portando rosa y la inscripción en en latín «Rosa mística y como flor en primavera» (Eclesiastés -50, 8 -)

Una donación pensada para permanecer en la Capilla Real

La historia de los atriles aporta todavía otro elemento interesante.

Las piezas fueron donadas en 1717 por Laureano Oliver, capellán mayor. La donación incluía condiciones destinadas a garantizar su vinculación con la Capilla Real.

Se establecía que no pudieran ser sacadas de ella ni fundidas y se contemplaba incluso el destino de las piezas en caso de incumplimiento de las condiciones establecidas.

Este detalle permite entender que la donación no consistía únicamente en entregar dos objetos valiosos: existía también una voluntad expresa de preservar su vinculación con el espacio y el culto para los que habían sido destinados.

Imagen: dos ángeles señalan la vara florida que alude a la elección milagrosa de José como esposo de María.

Una obra que se contempla y se lee

Tres siglos después de su realización, los atriles siguen permitiendo dos aproximaciones complementarias.

Podemos contemplar la calidad del trabajo de Manuel José Domínguez, las superficies de plata y la minuciosidad de sus relieves. Pero también podemos detenernos ante un espejo, una silla, una puerta, un arca, una estrella o una rosa e intentar comprender qué querían transmitir.

Es entonces cuando una pieza concebida para sostener un libro comienza también a comportarse como un libro: sus imágenes pueden ser leídas.

Fuente: Sedes Hispalensis: Fons Pietatis, vol. I, «Atriles del altar de la Virgen de los Reyes, 1717», pp. 48-49.

EUCARISTÍAS FUERA DE LOS CULTOS PROPIOS DE LA VIRGEN

Martes 4 de Agosto: 8.30 y 10.00 h. Capilla de la Antigua
Miércoles 5 de Agosto: 10.00 h. Capilla de la Antigua
Los días de la Novena: 10.00 h. Altar de Plata
Sábado 15 de Agosto: Sabatina Vespertina, en la Capilla Real
Jueves 20 de Agosto: 10.00 h. Capilla Real
Viernes 21 de Agosto: 10.00 h. Capilla de la Antigua
Sábado 22 de Agosto: 10.00 h. Capilla de la Antigua

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