La Iglesia celebra cada 6 de agosto la fiesta de la Transfiguración del Señor, un misterio que ocupa un lugar especialmente destacado en el patrimonio de la Iglesia Colegial del Divino Salvador y que también está presente entre las pinturas conservadas en la Catedral de Sevilla
Jesús subió a un monte acompañado por Pedro, Santiago y Juan. Allí, ante sus discípulos, su rostro y sus vestidos se llenaron de luz y aparecieron junto a Él Moisés y Elías. Desde una nube se escuchó la voz del Padre: «Este es mi Hijo, el elegido; escuchadlo».
La Transfiguración permitió a los apóstoles contemplar por unos instantes la gloria de Cristo antes de su Pasión. La escena anticipa la Resurrección y muestra a Jesús como cumplimiento de la Ley y los Profetas, representados por Moisés y Elías.
Este pasaje ha inspirado a numerosos artistas a lo largo de los siglos.

Imagen: Retablo mayor de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, presidido por la Transfiguración del Señor, obra de Cayetano de Acosta realizada entre 1770 y 177
Una de las grandes obras del barroco sevillano
La Transfiguración del Señor preside el monumental retablo mayor de la Iglesia Colegial del Divino Salvador. Construido por Cayetano de Acosta entre 1770 y 1779, está considerado su obra cumbre y una de las grandes creaciones del barroco sevillano del siglo XVIII. Sus 21 metros de altura y 10,50 metros de anchura muestran las dimensiones de un conjunto concebido para ocupar el presbiterio y dirigir la mirada hacia Cristo.


La escena principal representa la Transfiguración en el monte Tabor. Cristo aparece en el centro, acompañado por Moisés y Elías, mientras Pedro, Santiago y Juan contemplan la revelación a sus pies. Sobre ellos, Dios Padre preside la composición rodeado de ángeles y arcángeles.
El programa se completa con las figuras de los Padres de la Iglesia, distintos relieves y el Sagrario-Manifestador con una imagen de la Inmaculada. En la parte superior, las pinturas al temple de Juan de Espinal prolongan la composición con una representación de la gloria celestial.

Arquitectura, escultura, dorado y pintura se integran en una obra de gran teatralidad que dirige toda la atención hacia Cristo. La integración del estilo arquitectónico, la escultura, el dorado y la pintura convierte la Transfiguración en el centro visual y religioso del presbiterio del Salvador
La Transfiguración en la pintura renacentista de la Catedral
La Catedral de Sevilla conserva otra representación de este episodio, realizada por Antón Pérez entre 1547 y 1548. La tabla formó parte del antiguo retablo de las Reliquias de la Sacristía Mayor, cuyas pinturas se encuentran actualmente dispuestas en la Capilla de Santiago.

Imagen: La Transfiguración realizada por Antón Pérez entre 1547 y 1548
La obra permite conocer el modo en el que la Transfiguración fue representada en la pintura sevillana de mediados del siglo XVI. Cristo aparece transfigurado ante los apóstoles, acompañado por Moisés y Elías, dentro de una composición destinada a transmitir mediante las imágenes las verdades de la fe.
La pintura perteneció a un programa iconográfico más amplio que relacionaba la vida cristiana con el camino hacia la gloria y la contemplación de Dios.
Un patrimonio que ayuda a comprender la celebración
El gran retablo del Divino Salvador y la obra de Antón Pérez permiten contemplar un mismo misterio a través de dos momentos diferentes del arte sevillano.
Ambas obras representan el mismo misterio mediante lenguajes artísticos propios de épocas diferentes. Ambos recuerdan que estas obras fueron concebidas no solo para embellecer los templos, sino también para transmitir el Evangelio, acompañar la oración y ayudar a comprender aquello que la Iglesia celebra.
Cada 6 de agosto, estas obras ayudan a comprender el misterio que celebra la Iglesia: dirigir la mirada hacia Cristo y recordar la invitación pronunciada en el monte Tabor: «Escuchadlo».