Hoy domingo 20 de septiembre, la Iglesia celebra la Jornada del Turismo. En el ámbito eclesial, esta fecha se anticipa tradicionalmente para centrar la mirada en el turismo religioso, sirviendo como antesala y preparación para la Jornada Mundial del Turismo que tiene lugar el 27 de septiembre. Si la pasada edición nos convocaba bajo el lema «Turismo y paz» para reflexionar sobre el viaje como puente de concordia, este año la mirada pastoral se orienta hacia la vanguardia tecnológica bajo el lema “Repensar el turismo con la IA”, en sintonía con las directrices del Dicasterio para la Evangelización.
La IA al servicio de la dignidad y el patrimonio sagrado
El mensaje de esta 47ª Jornada subraya que la transformación digital no debe verse meramente como una herramienta técnica, sino como un factor cultural capaz de alterar la percepción del viaje. En un templo de la importancia espiritual y artística de la Catedral de Sevilla, la tecnología debe erigirse siempre al servicio de la dignidad de la persona humana y del bien común, evitando reducir al visitante a un simple dato de consumo y trabajar por un turismo más humano, ético y fraterno.

El documento eclesial reconoce las grandes ventajas de estas herramientas, tales como:
- La mejora de la accesibilidad para personas con diversidad funcional.
- La sostenibilidad ambiental y el reparto equilibrado de los flujos de visitantes.
- La valorización de la comunidad local y la riqueza de su historia secular.
Sin embargo, también previene de riesgos ineludibles como la exclusión digital, la pérdida de la calidez en el trato y las posibles derivas vinculadas al uso no regulado de los datos.
El turismo religioso: Una experiencia insustituible de trascendencia
Al enfocarnos en la vivencia del turismo religioso, la el Cabildo de la Catedral recuerda que el arte sacro, la monumentalidad gótica y la Fe viva custodiada en sus naves no pueden ser plenamente descodificados por un algoritmo. La innovación tecnológica puede enriquecer los soportes informativos o facilitar la gestión de reservas, pero ninguna innovación puede sustituir la riqueza del encuentro personal ni la capacidad de asombro que nace al contemplar de forma directa el Retablo Mayor o al experimentar el recogimiento en las capillas.
El viaje del peregrino y del visitante cultural constituye un itinerario de crecimiento humano y apertura a la trascendencia. Por ello, las pantallas y los sistemas de IA deben configurarse como puentes que inviten a cruzar el umbral del misterio, nunca como barreras que aíslen al ser humano de su dimensión espiritual y comunitaria.



