Cada 13 de abril, la Iglesia celebra la festividad de San Hermenegildo, figura clave en la transición religiosa de la época visigoda. Su relevancia histórica y espiritual se refleja en el programa iconográfico de la Catedral de Sevilla, donde se conservan importantes testimonios de su culto.
Hijo del rey Leovigildo, Hermenegildo fue gobernador de la Bética en el siglo VI. Influido por su esposa Ingundis y por San Leandro, se convirtió del arrianismo al catolicismo, lo que originó un conflicto político y militar con su padre. Su muerte en el año 585, tras negarse a recibir la comunión de un obispo arriano, le otorgó la condición de mártir.
En 1585, coincidiendo con el milenario de su fallecimiento, fue canonizado por Sixto V a instancias de Felipe II. A partir de entonces, su figura se consolidó como un símbolo de la unidad de la fe en el reino, extendiéndose su iconografía notablemente durante el periodo barroco.
Presencia artística en la Catedral
El reconocimiento a San Hermenegildo se manifiesta en diversos espacios y soportes artísticos del templo:
- Capilla de San Hermenegildo: Ubicada en la nave sur, este espacio alberga el sepulcro gótico del Cardenal Juan de Cervantes. No obstante, el retablo principal está dedicado al santo rey, cuya imagen aparece en la hornacina central con sus atributos característicos: la corona, la cruz y la palma del martirio.
- Vidrieras: En el conjunto de vitrales de la Catedral, San Hermenegildo integra el grupo de santos sevillanos. Su representación refuerza su papel como protector de la ciudad y de la archidiócesis.
- Pintura: La Sala Capitular incluye una representación del santo realizada por Murillo, quien lo sitúa dentro del ciclo de los grandes referentes espirituales de la sede hispalense.