La Catedral de Sevilla inicia el nuevo año litúrgico y civil celebrando la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, una de las fiestas marianas más antiguas de la Iglesia y profundamente vinculada al misterio de la Navidad. En esta jornada, fieles y visitantes se congregan en el primer templo de la Archidiócesis para encomendar a Dios el año que comienza, bajo la protección maternal de la Virgen María.
La solemnidad del 1 de enero pone en el centro a María como Madre de Dios y Madre de la Iglesia, aquella que acogió con fe el misterio de la Encarnación y ofreció al mundo al Príncipe de la Paz. No en vano, esta celebración coincide también con la la 59ª Jornada Mundial de la Paz, cuyo lema es: «La paz sea con todos vosotros: hacia una paz desarmada y desarmante», una invitación del Papa León XIV a rechazar la violencia y construir una paz activa basada en el amor y la justicia, no en el miedo.
La Catedral hispalense, dedicada a Santa María de la Sede, adquiere en este día un significado especial, al convertirse en espacio privilegiado de acción de gracias y de súplica. La liturgia solemne, marcada por el canto y la proclamación del Evangelio, invita a comenzar el nuevo año desde la fe, la esperanza y la confianza en la intercesión de la Virgen.
Durante esta festividad, el templo abre sus puertas como lugar vivo de oración, donde la tradición mariana de Sevilla se une al inicio de un nuevo tiempo. La figura de María, contemplativa y servicial, se presenta como modelo para afrontar los retos del año que comienza, acogiendo la voluntad de Dios y caminando en paz.
De este modo, la Catedral de Sevilla inaugura el nuevo año poniendo a la ciudad y a su Archidiócesis bajo el amparo de Santa María, Madre de Dios, confiando a su cuidado el caminar del pueblo cristiano y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad.