Artes decorativas en la Catedral de Sevilla

El patrimonio mueble de la Catedral de Sevilla comprende las sillerías corales del altar mayor y capilla Real, el conjunto barroco del coro portátil del Corpus, otras obras del mobiliario litúrgico, batientes de puertas, armarios y, entre otros, sillones de protocolo.

Las obras más antiguas conservadas son los batientes de la Puerta del Perdón y los de otra puerta que estuvo situada en la capilla del Sagrario de la primitiva catedral mudéjar. Los primeros son obra almohade chapada con aldabas y placas de bronce fundido; los  segundos de madera dorada constituyen una obra de referencia entre sus contemporáneas mudéjares, realizadas en Toledo y Sevilla a mediados del siglo XIV.

La monumental sillería del coro de la capilla Mayor consta de ciento diez y siete sitiales, altos y bajos, realizada por Nufro Sánchez y Pieter Dancart entre 1464 y 1479; reformada en 1511 y tuvo una restauración importante a finales del siglo XIX. Los respaldos de los sitiales altos son paneles de lacería mudéjar y en los bajos hay relieves del Antiguo y Nuevo Testamento. Completa la iconografía un amplio programa de profetas, apóstoles y santos situados en las entrecalles y parte alta del dosel, junto a los motivos alegóricos de las misericordias.

El monumental facistol del coro es una obra renacentista en madera y bronce realizado por  Juan Marín, Bartolomé Morel, Francisco Hernández, Juan del Pozo y Bautista Vázquez, el Viejo; los relieves de la parte inferior ilustran aspectos históricos del mobiliario, instrumentos y musicales de la catedral de Sevilla en época del maestro de capilla Francisco Guerrero (1549-1599). Obras del mismo período son los relieves renacentistas conservados de las cajoneras de la Sacristía Mayor y los batientes de la puerta del mismo ámbito tallados por Diego Guillent Ferrant, Diego de Velasco el Mozo, Juan Bautista Vázquez el Viejo, Alonso Ruiz, Cornielles y Jerónimo de Valencia entre 1548-1551. En la Sala Capitular se conserva la silla arzobispal realizada por Diego de Velasco y Andrés de Ocampo en 1592, y el escaño del secretario del Cabildo.

La colaboración y los encargos a escultores del mobiliario de la catedral continuaron durante el período barroco. Pedro Duque Cornejo talló en 1743 los relieves de los grandes armarios que guardan las distintas piezas que componen el altar de plata y ajuar, colocados en el espacio de acceso a la sacristía mayor.  El conjunto más importante del periodo barroco es el mobiliario portátil de las celebraciones sacramentales: los atriles monumentales de madera dorada y policromada para los cantorales y el del altar, atribuidos al escultor Francisco Antonio Gijón a finales del siglo XVII.

Del mobiliario barroco y rococó destacan los bancos y asientos dorados realizados por acuerdo capitular de 1777 para las festividades del Corpus y Jueves Santo, dos sedes arzobispales de madera dorada, un conjunto de sillones españoles del siglo XVIII, varias sillas de cadera forradas en terciopelo rojo, dos consolas de madera dorada y dos confesonarios barrocos. Las puertas del trascoro que dan acceso a las cajas de los órganos son obra de Luis de Figueroa (1633), los batientes de las puertas del presbiterio de la capilla de la Antigua y las de los pórticos de acceso al coro realizadas en ébano, carey e incrustaciones de bronce corresponden a la tercera década del siglo XVIII.

Obras neoclásicas son la sillería y facistol del coro de la Capilla Real sufragados por Carlos IV y los armarios de la antigua sala de Cuentas (1790). Los dos canceles neogóticos del crucero se realizaron a comienzos del siglo XX.

Rejería

Las rejas de la catedral de Sevilla son conjunto extraordinario para observar la evolución estilística del arte de la rejería en Andalucía. Estos cierres protegen los recintos, constituyen unas pantallas caladas por las que penetra la luz y producen una atmósfera de misterio que  modifican, realzan y  transforman los espacios de culto y de oración. Sufragadas por el Cabildo y por los particulares que tenían capellanías dotadas, su estrecha relación con la arquitectura determinó una participación directa del Maestro Mayor, quien aportó diseños y dibujos para su realización en numerosas ocasiones.

La carencia de yacimientos cercanos obligó a importar el hierro, que comercializaron los mercaderes vizcaínos y guipuzcoanos. Los maestros que hicieron las rejas de la catedral tenían sus talleres y casas en alquiler en dependencias próximas al Corral de San Miguel, frente a las Gradas del templo, o en el Postigo del Carbón, cerca del Río y de las Atarazanas. El gran tamaño de las rejas del Altar Mayor y coro motivó su construcción en unas dependencias del Alcázar.

Sancho Muñoz y Fray Francisco de Salamanca introdujeron en la diócesis las innovaciones técnicas de la rejería del siglo XVI. Con sus colaboradores realizaron la reja del coro (1518-1523), que tuvo graves daños en 1888, y las dos laterales del altar mayor (1518-1523). La reja principal, diseñada por Bartolomé de Jaén, es obra de  Fray Francisco de Salamanca y Juan de Ávila, autores también de los púlpitos (1524-1533)

La mayoría de los altares del siglo XVI conservan las rejas y las barandillas contemporáneas. La del altar de la Piedad está tribuida a estos maestros y las restantes siguen diseños de los arquitectos Hernán Ruiz II,  Martín de Gainza y Miguel de Zumárraga. El salmantino Pedro Delgado, documentado desde 1535 a 1571, realizó bajo la dirección del primero las rejas de las capillas del Mariscal, del chantre  Luis de Medina, de Scalas y la de la Estrella (1568) que sirvió de modelo en el siglo XVII para las otras tres capillas de los alabastros.

La lenta ejecución de la reja de la capilla de la Antigua obligó a sucesivas intervenciones de los maestros Juan López, Juan Barba y Rodrigo de Segovia (1565 – 1601). La reja

Del siglo XVII destaca la monumental reja de capilla de la Concepción que realizada por Pedro Muñoz y policromada por Juan de Valdés en 1654, inspiró en 1778 la que hizo Fray José Cordero para la capilla de San Pedro. Carlos III donó la reja de Capilla Real que diseñó Sebastián van der Brocht y corona un grupo del escultor Jerónimo Roldán (1773). Las capillas de San Laureano, del Pilar, San Leandro y San Isidoro tienen rejas del siglo XVIII. Del siglo XX destacan las rejas neogóticas de las capillas de San Andrés y Evangelistas.

Cerámica

La documentación conservada manifiesta numerosos encargos cerámicos, efectuados por los particulares o por el Cabildo, para cubrir no sólo los frentes de los altares dotados y losar sepulturas, sino para pavimentar las capillas, el coro, los patios y, entre otros,  recubrir con cerámica vidriada el cimborrio en 1508-1511, la linterna de la sacristía mayor (1543) o la cúpula de la capilla Real (1583)

Esta información contrasta con los escasos testimonios conservados. Los trabajos de arqueología han dado a conocer el carácter del pavimento de las losas cuadradas de cerámica de la  mezquita almohade, las rectangulares de la pavimentación gótica  junto a otros testimonios de azulejos sepulcrales del siglo XIV que representan elementos heráldicos vidriados, realizados con molde y fueron muy habituales en enterramientos contemporáneos.

En la catedral mudéjar contó con numerosos altares cubiertos con cerámica, que se generalizaron en el edificio gótico a finales del siglo XV y XVI con azulejos de arista o cuenca. El frente de la sacristía de la capilla de las Doncellas ha conservado un buen testimonio de esta técnica; atribuido al taller de los hermanos Pulido, activos en Sevilla en la tercera década del siglo XVI, presenta elementos decorativos que imita un tejido medieval, combinado con el escudo de armas de García de Gibraleón, patrono de la capilla.

Estos frontales cerámicos presentaban una banda perimetral que encerraba el frente decorativo con figuraciones alusivas a la advocación del altar o de sus patronos, entre dos caídas laterales de carácter rectangular. Los paños decorativos que imitaban tejidos se mantuvieron en la tradición sevillana durante período barroco y luego inspiraron los historicistas generalizados en los talleres de Triana a finales del siglo XIX. José Gestoso diseñó los frontales del altar de la Encarnación y de la capilla de la Inmaculada, realizados por los ceramistas Manuel Ramos (1909) y Manuel Amores (1908), respectivamente.

El  solado barroco de la catedral a finales del siglo XVIII y las transformaciones neoclásicas de la siguiente centuria eliminaron la mayoría de los recubrimientos cerámicos de los altares, reformados con jaspes y maderas imitando mármoles. No obstante, permanecen los azulejos lisos con decoración vegetal, dispuesta de damero, del altar de la Asunción y la solería renacentista que todavía cubre el patio del Mariscal (h. 1591).

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