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Boblioteca Colombina-Biblioteca del Arzobispado de Sevilla - Archivo de la Catedral de Sevilla - Archivo General del Arzobispado de Sevilla

Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla

Los orígenes de la Biblioteca Capitular se remontan a fines del siglo XIII cuando la librería privada del rey Alfonso X es donada a la Catedral, en donde se debía contar desde sus orígenes con una serie de libros, al menos los precisos para el culto y ordenamiento del Cabildo; sin embargo lo que dará impulso a la librería principal de la Iglesia, la Biblioteca Capitular, será el legado del rey castellano, según consta por un codicilo otorgado en enero de 1284, culmen de las múltiples e importantísimas obras culturales y artísticas desarrolladas a lo largo de toda su vida.

Por dos inventarios del siglo XVI, sabemos que entre estos libros se hallaban un Evangeliario y una Biblia en dos cuerpos, la Biblia de Pedro de Pamplona.

El enriquecimiento de fondos de la biblioteca se sucederá progresivamente con donaciones y así llega a fines del siglo XIV la testamentaría del arzobispo don Pedro Gómez Barroso, prelado que, por los libros que dejó, debía tener una sólida formación tanto eclesiástica como humanística. En documento público fechado en 1387, todavía en vida, lega a la biblioteca 120 volúmenes. Entre los que podemos citar dos códices del siglo XII, un libro de medicina de Isaac Judeus, y las Epístolas de san Agustín.

Del siglo XV destaca la donación del arzobispo Juan de Cervantes, Cardenal de Ostia, en 1450. La componían 306 volúmenes en casi su totalidad de ciencias eclesiásticas. El Cabildo pleitea con su sucesor el arzobispo don Alonso de Fonseca, porque éste retiene gran parte de la herencia del difunto. La solución es salomónica: los libros pasan al arzobispo, el resto de la herencia al Cabildo, pero el resultado final fue realmente curioso, al morir Fonseca deja sus libros a la catedral con lo que revierte a ésta tanto los del cardenal Cervantes como los que fueron del arzobispo Fonseca.

Al cardenal Cervantes pertenecieron textos como el códice del siglo XII de los comentarios a san Marcos de Beda el Venerable, antes del humanista italiano Coluccio Salutati, las Homilías de san Agustín (finales del siglo XI) o De vita solitaria de Francesco Petrarca.

De entre los libros del arzobispo Fonseca, su sucesor, destaca un magnífico Pontifical comenzado en 10 de Mayo de 1390 por mandato de don Juan, obispo de Calahorra y de la Calzada.

El que fuera arcediano de Jerez y canónigo de Sevilla, Gonzalo Sánchez de Córdoba, otorga en su testamento, fechado el 22 de Junio de 1473, un legado de 63 volúmenes. De esta herencia se conserva un manuscrito del siglo XIII, comentarios a la Torah del rabino francés Rashi.

La preocupación del Cabildo por sus libros queda patente en los documentos de su Archivo. Según el llamado “Libro Blanco”, una de las tareas del Maestrescuela, dignidad capitular, es el cuidado y la atención a los libros, llamemos de estudio, porque existía otra colección, la de los libros corales y rituales; ésta era responsabilidad de otro encargado. Aún hoy los libros corales dependen del sochantre y no del bibliotecario.

Para la Biblioteca Capitular el siglo XVI será también de importancia clave pues se le agregará, por expreso deseo de su dueño, la librería privada de Hernando Colón, hijo de Cristóbal Colón, que será conocida por todos como Biblioteca Colombina.

Antes del legado colombino, se conocen las donaciones de don Juan de Alcocer en 1507 y la del canónigo Solís en 1545, entre otros. A todas ellas hay que sumar los manuscritos que el Cabildo fue comprando y aquellos códices que se producían en el scriptorium de la Catedral o en talleres de escribanos fuera de ella.

Don Hernando había dejado dispuesto en su testamento que pasara a manos de su sobrino don Luis Colón la magnífica biblioteca que él había reunido, con la condición expresa de que gastara 100.000 maravedíes al año en su conservación y aumento. Si aquél no lo cumplía, debería pasar al Cabildo de la Catedral, y si tampoco éste aceptaba, entonces pasaría al convento de San Pablo.

Ni don Luis ni sus tutores hicieron acto alguno, por lo que la Biblioteca Fernandina, que así se llamaba entonces, permaneció bajo custodia del ejecutor testamentario hasta que en 1544 se tomó la decisión de trasladar la biblioteca al Convento de los dominicos. Se originó entonces un pleito por la posesión de los libros que duró hasta 1552 en que por sentencia de la Cancillería de Granada la biblioteca fue trasladada a la Catedral, colocándose en uno de los salones del Patio de los Naranjos, sobre las capillas de la nave del Lagarto. Desde entonces ambas bibliotecas quedaron unidas bajo un solo techo, aunque permanezcan materialmente separadas como dos unidades independientes y se conozcan con el nombre de Biblioteca Capitular y Colombina.

Es de destacar la variedad excepcional e interés de los libros del fondo colombino. No se limitó don Fernando a buscar con afán libros raros y curiosos en todos los mercados de Europa, sino que a la vez los clasificaba, comentaba y anotaba con gran cantidad de detalles. Todo este acervo de información no solo se obtiene de la inmensa obra bibliográfica que supone la confección de sus repertorios, sino que también deja constancia en la mayoría de sus libros de las condiciones en que estos llegaron a su poder, unas veces por compra y otras por donaciones. Sirva de ejemplo la anotación final al ejemplar impreso de La chronique de Gênes : Este libro costó un sueldo en León a 21 de Noviembre de 1535, habiendo grandissimo frío y niebla, el ducado vale 570 dineros, que son 47 sueldos y medio, a 12 dineros el sueldo.

Merece especial atención la espléndida colección de pronósticos astrológicos, la Biblia Políglota Complutense, la primera Gramática de Nebrija, la Biblia Rimada de Sevilla, dos manuscritos carolinos del siglo IX… y aquellas joyas, como el libro de Marco Polo, Imago Mundi o el Libro de las Profecías heredadas de su padre el Almirante.
Se reproduce en cada uno de los libros de Hernando, por su expreso deseo, la cláusula de su testamento, que reza: “don Fernando Colón, hijo de don Cristóbal Colón, primero almirante que descubrió las Indias, dejó este libro para uso y provecho de todos sus prójimos. Rogad a Dios por él”.

Desde estos años se funden Colombina y Capitular compartiendo grandezas y miserias. Sufrirán los expurgos de la Inquisición, y son muchos los libros que conservan anotaciones y tachaduras de este Tribunal.

No será hasta fines del siglo XVII cuando nuevamente se redacten nuevos inventarios, cronológicamente los terceros conservados, en este caso por el canónigo Juan de Loaisa, figura señera que desempeña ya la doble función de archivero y bibliotecario, y de quien podemos encontrar pruebas de su inmenso trabajo en todo el rico fondo bibliográfico y documental de la Catedral, junto a don Ambrosio de la Cuesta y Saavedra, archivero y escritor, quienes preocupados por el mal estado de muchos manuscritos mandaron copiarlos, y gracias a esas copias se conservan hoy obras como las del Abad Alonso Sánchez Gordillo.

Para la Biblioteca Capitular y Colombina la figura indiscutible del siglo XVIII es don Diego Alejandro de Gálvez, racionero de la Catedral, nombrado bibliotecario en 1763, pero desde mucho antes ya estaba preocupado por ella. Con la ayuda inestimable de don Rafael Tabares lo renuevan todo y confeccionan nuevos inventarios y registros (1783-1790); se copian manuscritos en mal estado, se restauran las salas, adquieren nuevos estantes y se continúa la colección de los retratos de los prelados de la archidiócesis.

La desaparición del Antiguo Régimen y la secularización de la sociedad española suponen un cambio en la continuidad histórica, que se plasmará de forma evidente en las leyes desamortizadoras. Afectará a la biblioteca que conocerá momentos poco felices, contrarrestados por la labor de dos grandes bibliotecarios: don Cayetano Fernández y don Servando Arbolí, quienes tuvieron un auxiliar ideal en la figura de don José María Fernández Velasco. Se consiguió comprometer a lo más representativo de la ciudad y a la misma reina en la restauración y renovación de la Colombina. Consigue de Isabel II estanterías de caoba y cedro; los duques de Montpensier y otras personalidades costean el resto de los estantes, y se colocan cuadros como el de San Fernando de Murillo y un retrato de Cristóbal Colón, obra de E. Lassalle y regalo de Luis Felipe (padre de Antonio María de Orleans, duque de Montpensier), rey de Francia.

Entre otros muchos trabajos, se comienza el índice de los libros colombinos, que constituirá el germen de la publicación de la primera fase del Catálogo de impresos de la Colombina por don Servando Arbolí, con la colaboración de don Simón de la Rosa y López.

Parece evidente que en Sevilla existía casi una tradición entre los hombres cultos de legar a la biblioteca de la Catedral sus libros, y a comienzos del siglo XX tiene lugar una de las donaciones de mayor singularidad: la de la biblioteca de don José Gestoso y Pérez (agrupada en 2017 en la Sala de Consulta).

La disgregación del fondo documental por distintas dependencias del edificio se mantuvo durante más de un siglo, hasta la década de los años 70.

En enero de 1986 se derrumba parte del techo de la Biblioteca Capitular y Colombina, ello hace que intervenga la Junta de Andalucía financiando su restauración. Será en 1992 cuando una vez rehabilitado el edificio, vuelva a su lugar original.

El conjunto de las dos bibliotecas, Capitular y Colombina, que constituye una de las colecciones más importantes en manuscritos e impresos (unos 75.000 volúmenes), junto con los fondos bibliográficos de la biblioteca Arzobispal y los fondos documentales constituidos por el Archivo de la Catedral y el Archivo del Arzobispado, de importancia fundamental para la Historia de la Iglesia, para la Historia del Antiguo Reino de Sevilla en sus más variados aspectos, hace que sea la Institución Colombina un centro del más alto interés cultural.

   

Biblioteca Palacio Arzobispal de Sevilla

La Biblioteca Arzobispal tiene su origen en don Luis Salcedo y Azcona, quien rigió esta diócesis desde 1722 a 1741. Gran bibliófilo y erudito proyectó ubicar su colección de libros en la tribuna que enlazaba el palacio con la Catedral por la llamada Puerta de los Palos, proyecto que no se llegó a ejecutar al no ser aprobado por el Cabildo Catedral.

Fue el primero en pensar en la fundación de una biblioteca pública, no solo para el clero de la diócesis sino para cuantos estudiosos y particulares quisieran acudir a ella, ejerciendo de primer bibliotecario Alonso Carrillo y Aguilar. La labor iniciada por don Luis de Salcedo la continuaría el cardenal don Francisco Javier Delgado y Venegas en los años 1776 a 1781, elaborando un inventario que recoge 2.173 títulos en 3.557 volúmenes.

Con la publicación del Reglamento para la creación, régimen y dotación de bibliotecas públicas episcopales, en época de Carlos III, se concede el título de bibliotecario para la diócesis de Sevilla y el nombramiento recae en la persona de don Tomás de Morales. Más adelante, el más ilustrado de los arzobispos sevillanos del siglo XVIII, don Alonso de Marcos Llanes y Argüelles (1783-1795), además de enriquecer la biblioteca con numerosas obras, consigue abrirla por fin al público en 1792, otorgando sus propias constituciones y dirigiendo los índices alfabéticos.

Una vez convertida en biblioteca de acceso público, la fueron dotando sucesivamente los señores arzobispos, destacando en particular los cardenales don Francisco Javier de Cienfuegos (1824-1847), cuyo legado alcanza los 350 títulos en 1.150 volúmenes, y don Judas José Romo y Gamboa (1847-1855).

A lo largo de los años, como tantas bibliotecas episcopales, encuentra numerosas trabas para su normal mantenimiento y funcionamiento como biblioteca pública. Con la reina Isabel II a través de la ley provisional sobre dotación de culto y clero se cuida de la permanencia y dotación de este tipo de bibliotecas. Sin embargo su estado económico comienza a ser desastroso dejando de funcionar en 1895 como centro público. Entre 1869 y 1875 estuvo incautada por el Estado. José Alonso Morgado ejerce de bibliotecario de 1879 a 1907.

En el siglo XIX destacan los ingresos procedentes de particulares, como los 288 títulos lujosamente encuadernados de Joaquín Gómez de la Cortina y también el fondo de José Ramón Vázquez Santana, compuesto por 130 títulos. Así como del cardenal Joaquín Lluch y Garriga.

Se suceden los prelados y será don José María Bueno Monreal (1957-1982) quien, en los últimos años de su gobierno manifestó el deseo de que se cuidase la biblioteca con ánimo de hacerla de uso público, hecho que por fin se logró el 7 de enero de 1984. A comienzos del siglo XXI el cardenal Carlos Amigo Vallejo (1982-2009) hará depósito del fondo bibliográfico palaciego a la sede de la Biblioteca Capitular y Colombina, quedando desde entonces ubicadas las tres bibliotecas en el ala del Patio de los Naranjos.

Su fondo actual se cifra en 17.000 volúmenes, en su mayoría de carácter eclesiástico. Podemos destacar manuscritos, como las Décadas de Alonso de Palencia, Reglas y documentos de la Hermandad de san Bernardo, Árbol y descendencia de los señores del Castillo y Villa de Almofrague de Blas de Salazar, así como la Biblia Regia de Arias Montano, impresa en Amberes por Christophe Plantin 1569-1573.

   

Archivo de la Catedral de Sevilla

El Archivo de la Catedral de Sevilla es uno de los archivos eclesiásticos más importantes de España. Se trata de un “centro de archivo” en el que se custodia el Fondo Capitular, generado por el Cabildo de la Catedral desde su establecimiento por Fernando III en 1248 hasta nuestros días, del que forma parte también el subfondo de la Capilla de Música, y en torno a ellos se han depositado fondos documentales de otras entidades eclesiásticas, vinculadas desde sus orígenes a la Catedral de Sevilla, que han dejado de funcionar como tales o bien, se han integrado en otras, contando cada una de ellas con su propio desarrollo histórico.

Estos fondos documentales vinculados a la Catedral y depositados o incorporados al Archivo de la Catedral de Sevilla en los últimos años son: el Fondo de la Junta de Obras, el Fondo de la Capilla Real de Sevilla, el de la Hermandad de las Doncellas, el de la Hermandad de la Granada y el Antiguo Archivo de la Parroquia de San Roque.

FONDO CAPITULAR:

El papel desempeñado por el cabildo metropolitano y la importancia política y económica de la sede hispalense están documentados en su Fondo capitular, constatándose la preocupación de la institución capitular por la buena conservación y control de los documentos custodiados en su archivo. De igual manera se comprueba la atención continua de los Capellanes Reales por sus documentos, que hasta el año 1998 se encontraba en la propia Capilla Real de la Catedral de Sevilla, contando estos con una clasificación e inventario de documentos al menos desde el siglo XVII.

La restauración del culto cristiano en la sede hispalense se produjo en 1248, año en que el rey Fernando III incorporó la ciudad de Sevilla a la corona castellana. En la Bula de Inocencio IV de 11 de julio de 1251 se cita a don Felipe, hijo de Fernando III, como electo de Sevilla y se conceden indulgencias a todos aquellos que estuviesen presentes en la dedicación de la Catedral, celebrada el 11 de marzo de 1252, días antes de que Fernando III dotase económicamente al cabildo por primera vez el 20 de Marzo de 1252, según consta por el privilegio rodado conservado en el Fondo Capitular. Desde sus orígenes el cabildo establecido en la Catedral de Sevilla fue tutelado directamente por Fernando III y sus sucesores en la monarquía castellana. Fernando III y su hijo Alfonso X están en el origen de los grandes privilegios y rentas que fundamentan la preeminencia y destacado papel de la sede hispalense y su cabildo metropolitano en los siglos posteriores. Junto a toda la documentación correspondiente a dotaciones reales, tanto de Fernando III como de sus sucesores en el Reino, se fue incorporando al Fondo Capitular numerosa documentación papal, episcopal, notarial y administrativa por diversos motivos:

– Hasta el Concilio de Trento, segunda mitad del siglo XVI, en gran parte de las diócesis y entre ellas la hispalense, el gobierno de los obispados recayó en los cabildos catedralicios, siendo este uno de los motivos que les llevó a contar con un rico patrimonio documental medieval.

– Fueron muchas las dotaciones de particulares tanto de propiedades rústicas como urbanas que se vincularon a la Catedral a lo largo de los siglos, conservando el archivo la numerosa documentación generada por la gestión administrativa de los bienes capitulares, no olvidando que el cabildo fue el encargado de la recogida de los diezmos y de su reparto con la mesa arzobispal.

– Por último, en el archivo se custodia toda la documentación generada como consecuencia del proceso de gestión económica establecido por el Cabildo para ejercer el control, seguimiento y pago de los diferentes elementos que intervinieron en la construcción y conservación del edificio catedralicio que hoy conocemos, en el mantenimiento del personal que formó parte de ese Cabildo y en el desarrollo del ceremonial litúrgico aplicado al culto divino y las funciones espirituales a él encomendadas.
Todo este fondo se ha custodiado en el propio edificio de la Catedral conociéndose por diferentes fuentes sus distintas ubicaciones. Durante la Edad Media en las Arcas del Sagrario, en los siglos XVI y XVII en la zona del Corral de los Olmos, a partir del siglo XVIII en el entorno del Patio de los Naranjos, a fines siglos XIX y XX en el área del Tribunal Eclesiástico, ángulo suroeste de la Catedral, desde el año 1992 a 2006 en la crujía norte del Patio de los Naranjos y en la actualidad se ubica en la primera y segunda crujía del segundo patio del Palacio Arzobispal de Sevilla compartiendo instalaciones y personal con el Archivo General del Arzobispado de Sevilla.

Constituido por cerca de 1.300 metros de documentación generada y recibida por el cabildo, desde el siglo XIII hasta la actualidad, cuenta actualmente con más de 12.400 unidades de instalación descritas.

 

SUBFONDO CAPILLA MUSICAL
Todas las partituras originales y copias, compuestas por los propios Maestros de Capilla que han ostentado esta prebenda a lo largo de los siglos.

FONDO JUNTA DE OBRAS
Custodia gran parte de los proyectos presentados al Ministerio de Fomento por la Junta de Obras, creada en la Catedral de Sevilla por Real Orden de 14 de Diciembre de 1881.

FONDO CAPILLA REAL.

Documentación generada por el Cabildo de Capellanes Reales, a cuyo cargo estaban los cuerpos reales enterrados en su Capilla de la Catedral de Sevilla, desde el año 1285, fecha de su primera dotación hasta 1998, año en que se anexionó la institución con el Cabildo de la Catedral de Sevilla.

FONDO HDAD. DE LAS DONCELLAS

La Hermandad de las Doncellas fue fundada en la Capilla de la Anunciación de la Catedral de Sevilla en el año 1521, cuya misión principal era otorgar dotes a doncellas que carecieran de medios económicos que aportar al matrimonio.

FONDO HDAD. DE LA GRANADA

Debe su nombre al hecho de reunirse la Hermandad en la Capilla del mismo nombre de la Catedral hispalense, a la izquierda de la Puerta del Lagarto. Según sus reglas formaban parte de la misma “hombres trabajadores de la palanca”, y su marco cronológico abarca desde 1616 hasta 1926.

FONDO ANTIGUA PARROQUIA DE SAN ROQUE
La Iglesia de San Roque, filial de la Catedral, sufrió un importante incendio el día 8 de Diciembre de 1759, destruyéndose gran parte del edificio y archivo. Como consecuencia del mismo se determinó enviar a la Catedral los pocos restos que quedaron de su archivo, pese a que estos presentaban muy mal estado conservación.

   

Archivo General del Arzobispado de Sevilla

El Archivo General del Arzobispado de Sevilla es un Centro de Archivo en el que se custodia un fondo documental principal, el Arzobispal, que corresponde a la documentación generada por la curia arzobispal en el gobierno ordinario de su diócesis. Como señalara don Pedro Rubio Merino, el archivo debe ser la memoria documental de la institución que lo ha creado y reflejo de su actividad, por lo que “deberá conformarse en su organización a los esquemas de gobierno del obispo”, que responde a las diversas funciones de pastoral, gobierno, justicia y administración sobre el territorio correspondiente a su diócesis.

Los límites geográficos de la diócesis hispalense han experimentado modificaciones importantes desde que en 1248 Fernando III reconquistara la ciudad de Sevilla y restableciera el culto cristiano, correspondiendo durante la Baja Edad Media y Edad Moderna su territorio con el del Antiguo Reino de Sevilla. Al realizarse en España la nueva división de provincias en 1833 y tras las determinaciones del Concordato entre España y la Santa Sede de 1851, que suprimió los territorios exentos, la demarcación territorial de la diócesis se modificó. Un siglo más tarde, el nuevo Concordato de 1953 expresó su voluntad de adaptación a la delimitación civil. De esta manera, en 1954 se erige la diócesis de Huelva, en 1958 se incorporan al obispado de Málaga los pueblos que, perteneciendo a su provincia, habían estado adscritos históricamente a la diócesis de Sevilla y en 1978 se erigirá el obispado de Jerez. En la actualidad, los límites geográficos de la diócesis coinciden con los de la actual provincia de Sevilla.

Todas estas modificaciones territoriales y supresiones institucionales se reflejan de manera evidente en los documentos custodiados en el Archivo así, en torno al Fondo Arzobispal, a lo largo de los tres últimos siglos, se han incorporado o depositado otros fondos documentales de instituciones eclesiásticas que ya han dejado de existir como tales, salvo en el caso del Seminario de Sevilla entidad en plena vigencia, respetándose en cada uno de ellos los principios de procedencia, origen y ordenación, siendo fuente principal de información para adquirir conocimientos y noticias sobre las entidades que los generaron, su razón de ser, desarrollo histórico y en definitiva para la correcta preservación de su memoria.

FONDO ARZOBISPAL DE SEVILLA.
Custodia toda la documentación generada por los Arzobispos en el gobierno de la diócesis a lo largo de su historia, y responde a esa triple función pastoral, de gobierno y de administración. Fondo muy relevante tanto por el volumen de su documentación, más de 2.500 m, como por el valor histórico de la misma.

FONDO COLEGIATA DEL SALVADOR.

Depositado en este Archivo hacía 1871, a raíz de su supresión como Colegial. Constituido en la actualidad por 990 unidades de instalación, con una fecha de inicio en torno al año 1435, que correspondiente a las visitas de fábrica y dotaciones.

FONDO PARROQUIA DEL DIVINO SALVADOR DE SEVILLA
Depositado en este Archivo en el año 2007, fecha en la que pasó a ser una Iglesia exenta dependiente del Arzobispo, mediante un sacerdote con el cargo de Rector. Abarca la documentación parroquial desde el siglo XV hasta el año 1900.

FONDO UNIVERSIDAD DE BENEFICIADOS.
Fundada por los Curas propios o Beneficiados de Sevilla, con unas fechas extremas desde 1271 hasta 1870. Constituido por 144 unidades de instalación.

FONDO HOSPITAL DE SAN BERNARDO.
Conocido popularmente este Hospital como de “Los Viejos”, fundado en 1355 por algunos sacerdotes sevillanos para, como expresamente indican sus reglas “sustento y regalo de la venerable ancianidad y honrada vejez”. Depositado en este Archivo en 1975, está integrado por 150 unidades de instalación.

FONDO HERMANDAD VENERABLES SACERDOTES

Fundada en 1627 por la Hermandad de Sacerdotes de Ntro. Padre Jesús Nazareno y Santa Cruz de Jerusalén, con el fin de proporcionar socorro a los sacerdotes sin medios para subsistir. Este fondo consta de 103 legajos y fue depositado en este Archivo hacia 1980.

FONDO VICARÍA DE ESTEPA.
En 1559 la villa de Estepa con todos sus pueblos se convierte en el señorío de la Casa Centurión, luego marquesado de Estepa, pasando la jurisdicción eclesiástica al prior de San Marcos de León, como “nullius dioecesis” o “vere nullius”. Al desaparecer esta vicaría nullius, su territorio se incorporó al Arzobispado de Sevilla y la documentación al Archivo en 1896. Formado por algo más de 500 unidades.

FONDO SAN JUAN DE ACRE.
La extinguida parroquia y jurisdicción de la Orden de San Juan de Acre en Sevilla, tras el Concordato de 1851, dejará de tener jurisdicción propia. A partir de ese momento sus expedientes matrimoniales pasaran a este Archivo.

FONDO BAILIATO DE LORA.

Igualmente el fondo documental del Bailiato de Lora, perteneciente a la Orden de San Juan de Acre, cuyas fechas extremas abarcan de 1655 a 1775, se depositará también en este Archivo General del Arzobispado de Sevilla.

FONDO SEMINARIO DE SEVILLA.
Creado por el Cardenal Cienfuegos y Jovellanos en Sanlúcar de Barrameda en 1831 tuvo una existencia efímera, pues en 1842 se cerró por falta de fondos económicos, para inaugurarlo de nuevo el 1 de octubre de 1848 en Sevilla, El volumen del fondo depositado en este Archivo en 1997, es de 250 legajos y 115 libros, documentos sin vigencia administrativa pues se trata de una institución en pleno funcionamiento.

FONDO GREMIO DE PLATEROS DE SEVILLA.
Único fondo no eclesiástico, su documentación fue siempre propiedad de la Hermandad de San Eloy o Eligio, órgano rector del gremio. Constituido por ocho unidades de instalación, con un marco cronológico que abarca desde 1354 a 1867, fue depositado en 1917.

FONDO HERMANDAD DE SAN PEDRO AD VÍNCULA.

Formada por los Sacerdotes Seculares de la ciudad de Sevilla. El Fondo se ubicó en su sede, la Parroquia de San Pedro de Sevilla, desde el año 1610 hasta el día 8 marzo de 2011, año en que fue trasladado en depósito manteniendo la propiedad, a las dependencias de este Archivo. Está constituido por 28 cajas y 78 libros.

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Accesibilidad

Entradas gratuitas, aseos adaptados, servicio de sillas de ruedas, folletos Braille, servicio de signo-guías... etc