Historia
Iglesia de El Salvador

Etapas históricas
Del Salvador

La importancia que la Iglesia Colegial del Divino Salvador tiene en la Archidiócesis de Sevilla, no sólo se encuentra en su rico patrimonio histórico-cultural, sino también en su peculiar historia.

Quedarse sólo con la arquitectura del edificio, o con sus bienes muebles: retablos, esculturas, pinturas, tejidos, libros corales… es conformarse con no tener una visión competa del conjunto monumental.

La originalidad y peculiaridad de este templo es que ha sido reutilizado por las culturas romana, visigoda, árabe y cristiana.

Cronograma Histórico

S. IX
S. XIII- XIV
S. XVII
S. XVIII
S. XIX
S. XX y S. XXI

S. IX

La Mezquita Aljama de Ibn Adabbás fue erigida entre los años 829 y 830, asentándose sobre los restos que, antaño, pertenecieron a edificios públicos romanos y visigodos.

S. XIII- XIV

La fábrica de la mezquita es cristianizada tras la conquista de Sevilla por el rey San Fernando en 1248. La mezquita se transforma girando el eje de culto y dedicando el patio de abluciones a cementerio.

S. XVII

En 1661 se derriba la antigua mezquita y se levanta sobre la nueva planta un templo que, en 1679, se derrumba quedando solo los muros. Durante este siglo y en adelante, se fue adosando una rica y extensa colección de retablos e imágenes sacras que otorgó a la iglesia de un valor artístico inigualable.

S. XVIII

En 1712 se consagra el nuevo templo de tres naves con crucero, con una altura máxima interior de 24.25 m. y un ancho de 34 m. Las aportaciones artísticas de este siglo, convierten el templo en un tesoro del barroco sevillano.

S. XIX

El Salvador pierde su condición de Colegiata en 1852 e incorpora la colección de vidrieras, regalo de los duques de Montpensier.

S. XX y S. XXI

Se llevan a cabo las tareas de restauración más importantes: Periodos 1987-1990; 1997-1998 y 2000-2008 con la restauración integral del templo que ha llevado a la Colegial, a lucir con su mayor esplendor.
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La basílica romana

Aún se desconocen los  inicios de ocupación del espacio donde se ubica hoy día la Iglesia Colegial del Divino Salvador. No se cuenta con testimonios escritos, ni romanos ni árabes, que hagan referencia al edificio que aquí existía. Sin embargo, se sabe que dicha ocupación tuvo lugar por los restos arqueológicos que se han encontrado.

El argumento principal que se ha utilizado para mantener esta tesis, se basa en la idea de la persistencia de los lugares de culto. En los primeros momentos de la cristianización se solían utilizar, como iglesias, las antiguas basílicas romanas que consistían en edificios civiles donde se llevaban a cabo la administración de la justicia e intercambios comerciales y sociales. Estos mismos templos cristianos se transformaron en mezquitas. Una vez más, y tras el proceso de reconquista, estos lugares volvieron a convertirse en templos cristianos. Este proceso de continuidad de los lugares sagrados en los mismos solares se debía a dos causas principales:

1.- No era necesario construir un nuevo edificio puesto que anteriormente ya existía un edificio anterior.
2.- Al ocupar un antiguo templo ello conllevaba la idea de supremacía de la nueva religión, en definitiva, la nueva cultura, sobre la anterior.

Por tanto, en época romana, el espacio urbano que hoy ocupa la Iglesia Colegial, tuvo que ser  una basílica romana que formaba parte del foro de la ciudad.

Para ello, contamos con varios testimonios arqueológicos importantes como el hecho de que el alminar de la antigua mezquita, hoy torre campanario, incluyó en su construcción una lápida romana de época de Augusto. Aunque la lápida es de acarreo, es un indicio de la importancia de la zona en época romana, lo que pone en evidencia la ocupación, muy antigua, del solar del Salvador.

Otro testimonio arqueológico importante son los capiteles de las columnas semi-enterradas del Patio de los Naranjos que son, igualmente, de época romana y que, probablemente, pertenecieron a algún edificio romano cercano al lugar.

Por último citar que cuando empezó a construirse los cimientos del templo barroco, se encontraron monedas de la época de Tiberio y Teodosio.

 

La Mezquita de Ibn Adabbas (Años 829 – 830)

Ibn Adabbás, en otro tiempo Mezquita aljama de Sevilla hasta la construcción de la Mezquita Mayor Almohade, actual Catedral, fue levantada por el qadí del mismo nombre a instancias del emir Abd al-Rahman al Awsat en el año 11-3-829 a 27-2-830.

En el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla, se conserva un fuste se columna procedente de este edificio presenta el epígrafe fundacional que reza:

“Dios tenga misericordia de Abd al-Rahman b. Al-Hakam, el emir justo, el bien guiado por Dios, el que ordenó la construcción de esta mezquita, bajo la dirección de Umar b. Adabbás, cadí de Sevilla, en el año 214 (h.) y  ha escrito [esto] Abd al-Barr b. Harum”

La mezquita emiral se asentaría sobre restos de un edificio público de origen romano y visigodo – según asegura la tradición – y está considerada como una de las más antiguas construcciones españolas de la etapa musulmana.

La mezquita de Ibn Adabbas, según las reconstrucciones tradicionales, constaba de dos partes bien diferenciadas, pero que estaban en continuo contacto:

1.- una zona al aire libre, el patio de las abluciones
2.- una amplia zona de oración.

Del antiguo alminar quedan aproximadamente 11 m. de alzado del cuerpo inferior con aparejo de sillares de acarreo y planta cuadrada de 5,88 m. de lado. Esta torre forma con dos construcciones más (primitiva Mezquita mayor de Córdoba 785/86 y Alcazaba de Mérida 835) la única fuente de estudios superviviente para el Emirato andalusí.
Exteriormente, tal y como puede apreciarse en la actualidad, la zona poseyó un marcado carácter comercial por lo que la mezquita siempre estuvo rodeada de alcaicerías y zocos.

 

La Mezquita Colegial Cristianizada

Cuando los cristianos llegan a Sevilla, en el año 1248, transforman las mezquitas en templos cristianos mediante una actuación muy sencilla: cambian la orientación del templo (las mezquitas tenían una orientación Norte-Sur mientras que la iglesias cristianas están orientadas Este-Oeste).

Cuando los cristianos llegan a Sevilla, en el año 1248, transforman las mezquitas en templos cristianos mediante una actuación muy sencilla: cambian la orientación del templo (las mezquitas tenían una orientación Norte-Sur mientras que las iglesias cristianas están orientadas Este-Oeste).

Por otro lado en el espacio que ocupaba el Mihrab, lugar sagrado de la mezquita, construyen una capilla dedicada a la Virgen. Se tiene la certeza que fue la Virgen de las Aguas, imagen fernandina, la que sirvió para cristianizar la mezquita. También adaptaron el antiguo alminar como torre-campanario.

Por último utilizan el patio de las abluciones, dotado de fuente, agua corriente y soportales periféricos, como habitaciones e instalaciones de los servidores de la iglesia. También se utilizó como cementerio, tanto en el centro como en varias capillas funerarias, como es el caso de la Capilla de la familia de los Pineda, capilla que ha llegado hasta nuestros días en muy buen estado de conservación.

La mezquita se re aprovecho utilizando la nave central como coro de canónigos, y ajustando a la modulación de las columnas, las capillas y enterramientos familiares.

El rey San Fernando dedicó este templo al Divino Salvador del Mundo, de ahí su nombre, y lo dotó de Abad y 10 canónigos, a imitación de la Catedral. El templo del Salvador tuvo pues, desde su origen, una naturaleza institucional doble: su rango eminente y específico de Colegial, un escalón inmediatamente inferior al de catedral, en cuanto sede permanente de solemne manifestación de la liturgia y la oración pública de la Iglesia; y, al mismo tiempo, su carácter parroquial correspondiéndole las tareas pastorales de esta índole en relación con su feligresía. El 24 de agosto de 1356 un gran terremoto derribó la parte superior del alminar transformado en campanario. A esa restauración se debe que en el segundo cuerpo de la torre aparezcan arcos apuntados.

En el año 1610 se ejecuta el último cuerpo de la torre que después adornaría Leonardo de Figueroa a finales del siglo XVII. El conjunto se cubre con bóveda circular rematada con un capulín con ménsulas y hornacinas vacías en cada uno de sus cuatro frentes.

A comienzos del segundo tercio del siglo XVII, las sucesivas construcciones hicieron que el patio de las abluciones fuera perdiendo tamaño; así la construcción de la Capilla Sacramental, primero, y la Capilla del Cristo de los Desamparados después, hizo menguar el patio a dos tercios de su tamaño original.

 

El primer templo barroco

Ante el estado viejo y ruinoso de la vieja mezquita,  el Cabildo de la Colegial, en 1671 vio necesario el derrumbamiento  y la construcción de un nuevo templo.

El primer templo barroco, que contó con la colaboración de Bernardo Simón de Pineda Pedro Roldán y la dirección de Esteban García, fue construido de nueva planta en 5 años, de 1674 a 1679.

Ante el estado viejo y ruinoso de la vieja mezquita, el Cabildo de la Colegial, en 1671 vio necesario el derrumbamiento y la construcción de un nuevo templo.

El primer templo barroco, que contó con la colaboración de Bernardo Simón de Pineda Pedro Roldán y la dirección de Esteban García, fue construido de nueva planta en 5 años, de 1674 a 1679, un plazo de tiempo muy breve en aquella época para construir un templo barroco de estas características.

La financiación de dicha fábrica se realizó mediante limosnas recogidas entre la feligresía y con importantes apoyos de las rentas de la Colegial e Iglesia de Sevilla.

El día 24 de octubre de 1679, con el edificio casi terminado, a las cuatro de la mañana, el templo se hundió totalmente, dejando sólo los muros exteriores.

Parece ser que la causa de este desplome fue la endeblez de los pilares. La mezcla de piedras y ladrillos, para abaratar los costes de la fábrica nueva, y fallos en las proporciones explicarían este derrumbamiento. A ello se le une la debilidad del suelo que ofrece una resistencia blanda-media. Al construirse la iglesia en tan sólo nueve años no dio tiempo a que el terreno se consolidara, razón por la cual el terreno no fue capaz de soportar la carga.

Lamentablemente no se cuenta con ninguna información sobre este primer templo barroco.  Parece ser que poseía columnas salomónicas en los grandes pilares. Si se puede decir que sería mucho más barroco que el actual templo que se caracteriza por unas líneas más clasicistas y severas.

 

El segundo templo barroco

El desplome del primer templo produjo un enorme impacto y desánimo en Sevilla, pero pronto se sobrepusieron los canónigos de la Colegial y reanudaron las obras. El terreno estaba lleno de cascotes, tal y como sucedió en 1674 tras el derrumbe de la primitiva mezquita.

El desplome del primer templo produjo un enorme impacto y desánimo en Sevilla, pero ponto se sobrepusieron los canónigos de la Colegial y reanudaron las obras. El terreno estaba lleno de cascotes, tal y como sucedió en 1674 tras el derrumbe de la primitiva mezquita.

Los recursos económicos necesarios para hacer frente a esta nueva etapa constructiva estuvo igualmente centrada en la devoción popular y en el envío de limosneros a las Indias. El progreso de las obras requería abundantes cantidades de limosnas y su regular afluencia debía garantizarse por cualquier medio. Las cuentas de la Colegial pasaba por momentos difíciles y los canónigos tuvieron que recurrir a la venta de objetos antiguos y valiosos.

La reconstrucción comenzó por respetar la planimetría del edificio hundido, esto es, las cimentaciones correspondientes a las tres naves del templo. Se consultó el nuevo proyecto a Eufrasio López de Rojas, maestro mayor de la Catedral de Jaén, insistiendo, como es natural, en la seguridad y estabilidad del nuevo edificio.

El dilema, en aquel momento, era si se hacían los pilares de piedra o de ladrillo. El templo desplomado, según parece, tenía, al igual que los pilares de la Catedral, un revestimiento exterior de piedra y un corazón de ladrillo, escombros y cascotes, forma constructiva habitual en la época.

Para asesorar a los canónigos, se hizo venir a José Granados, responsable entonces de las obras de la Catedral de Granada. Según la recomendación del arquitecto: “los pilares habrían de ser de piedra palomera y según la medida de varas que dejó hecha D. José Granados”

Esta decisión fue fundamental para garantizar el futuro del templo, ya que los pilares han aguantado perfectamente a todos los movimientos estructurales y sísmicos que ha sufrido el edificio a lo largo de sus 292 años de vida.

Una vez se comenzó la reconstrucción de la iglesia, un tal Alonso González, auto titulado “maestro arquitecto de obras civiles y militares”, redactó en 1694 un documento en el que se afirma que “las paredes que se van criando sobre los arcos son muy delgadas”. Y se afirma para que “no suceda otra ruina como la pasada, y que se diga, como entonces dijeron, que fue falta de no haber hombres inteligentes en la ciudad.”.

Fue el cantero Francisco Gómez Septier quien realizó la labra en piedra. En 1696 lo sustituye Leonardo de Figueroa. Este maestro corresponde a una de las sagas arquitectónicas más importantes en Andalucía. La familia de los Figueroa viene a llenar la totalidad del barroco sevillano desde el último tercio del siglo XVII hasta fines del siglo siguiente, es decir, desde la instauración del estilo con plenitud, hasta la progresiva disgregación y reacción de las primeras tendencias clarificadoras del neoclásico.

En efecto, prácticamente hasta su llegada a la ciudad hacia 1670, los esquemas arquitectónicos desarrollados en Sevilla bebían en las fuentes bajo renacentistas, recreando y transformando levemente fórmulas manieristas, y sólo incorporando elementos decorativos ya barrocos. Fue Leonardo de Figueroa el artista que estableció las fórmulas plenas de este estilo, tanto desde el punto de vista tectónico como ornamental.

En 1712 se termina definitivamente el edificio gracias al impulso del Arzobispo Manuel Arias. Por dificultades técnicas y económicas nunca se llegaron a realizar las dos torres gemelas que flanqueaban la fachada principal, reutilizando la vieja torre islámica que remató Figueroa.

 

La extinción de la Colegial: la Parroquia del Salvador

El día 28 de Junio de 1852, en virtud del concordato entre Isabel II y la Santa Sede se suprimió el carácter de Colegial, quedando el Salvador reducido a una parroquia más de Sevilla. Esto supuso un importante cambio de estatus religioso y económico del edificio: al suprimirse su carácter colegial, el coro se hizo innecesario. Ya el 28 de Junio de 1861 los clérigos encargados de la parroquia solicitaba

El día 28 de Junio de 1852, en virtud del concordato entre Isabel II y la Santa Sede,  se suprimió el carácter de Colegial, quedando el Salvador reducido a una parroquia más de Sevilla. Esto supuso un importante cambio de estatus religioso y económico del edificio: al suprimirse su carácter colegial, el coro se hizo innecesario. Ya el 28 de Junio de 1861 los clérigos encargados de la parroquia solicitaban al Cardenal Arzobispo la supresión del coro:

“que en cualquier día festivo no pueden ver los divinos oficios la mayor parte de los fieles; que siendo además muy gruesos y aumentándose considerablemente con los dos grandes púlpitos los grupos de columnas de éste, queda también muy reducido por los dos lados del mismo el sitio desde donde puede verse el altar mayor”1

El traslado del coro implicaba buscar una nueva localización para el órgano. Este excepcional instrumento, de doble fachada, estaba situado en el límite entre la nave central y la lateral Norte encima de la sillería del coro

Este traslado se realiza en 1861, suprimiéndose el coro, algunas de cuyas piezas sueltas se han conservado hasta nuestros días.

El órgano perdió gran parte de su sonoridad al suprimirse el juego de trompetas que estaba situado en la fachada Norte, hacia el patio de los Naranjos. Su nueva situación fue a los pies de la iglesia, sobre la puerta principal. Para su instalación se instaló una tribuna combinada con el cancel de entrada, “retocando” de forma peligrosa, la estructura del edificio.

La desaparición de su condición de Colegial generó la pérdida de una parte importante de su patrimonio económico y de los recursos para el mantenimiento del edificio. Su patrimonio artístico y religioso se troceó en gran parte perdiéndose importantes elementos.

 

Los problemas de conservación de la Parroquia.

El origen del deterioro del conjunto del Salvador se debe a un conjunto de causas complejas, unido a la falta de un mantenimiento adecuado. Desde que la Colegial perdió su patrimonio inmueble debido a la desamortización eclesiástica, se quedó sin fondos para su mantenimiento. Un fragmento de enfoscado proporciona la fecha de 1831 como última actividad de restauración en una de las cornisas altas.

Posteriormente poco se hizo: La capilla de Pasión se restauró por Juan Talavera en 1907 después del incendio del año anterior. En 1915 se pintó interiormente la media naranja. Desde la intervención del marqués de la Vega Inclán en el patio de los naranjos, en el año 1918, no se registra ninguna actividad de restauración o constructiva hasta 1987 en que comienza a intervenir la Junta de Andalucía con obras de pequeño formato que permiten mantener abierto el templo durante 16 años.

En el archivo de la Iglesia Colegial del Salvador ha aparecido una interesante correspondencia cruzada entre el párroco del momento (1893), la Junta Diocesana para la construcción y reparación de templos y el Ayuntamiento de Sevilla sobre las precarias condiciones de conservación del edificio.

El conjunto de documentos, comienza con un presupuesto que presenta el párroco por un importe de 6.000 pts, fechado el 13 de Abril de 1893, a la Junta Diocesana para la construcción y reparación de templos y edificios eclesiásticos, para un conjunto de obras de consolidación que se justifican así:

“en este templo parroquial, el más importante sin duda de esta capital, viene notándose, hace algún tiempo, movimiento en alguno de sus muros principales, cuyos movimientos han producido grietas de consideración, desprendimiento de algunos sillares en los dinteles de varios huecos y separaciones en los elementos de algunas armaduras.
Urge la reparación de tales desperfectos y ligar los muros entre sí, si se ha de evitar, en plazo no muy lejano, la ruina de tan hermoso templo.”

Este presupuesto se presenta ante la carencia de fondos de la parroquia y el escaso resultado de una cuestación pública en el vecindario ante “la crisis mercantil y agraria”. Estamos en puertas de la gran crisis de 1898, que acabaría con la guerra con Estados Unidos y la pérdida de las colonias españolas.

Este documento se envía al Ayuntamiento quien solicita se redacte anteproyecto y presupuesto global para ser inspeccionado por el Arquitecto Municipal.

El 20 de Julio del mismo año y como respuesta a la Junta Diocesana, el párroco vuelve a insistir que:

“En contestación a su muy atento oficio de Ud. que se sirvió dirigirme con motivo de la reparación de este templo parroquial he de manifestarle que la asignación del culto apenas alcanza para cubrir los gastos ordinarios que ocurren; que con motivo de la crisis mercantil y agrícola, esta feligresía no se halla en condiciones de hacer una suscripción de importancia así es que después de haberla anunciado y promovido no llega a cien reales la cantidad recaudada.”

Por último, el Arquitecto municipal emite informe, después de un “minucioso y detenido reconocimiento de todo el edificio” con dos conclusiones:

En primer lugar, que las obras solicitadas no son tan importantes como se pretende:

“Las obras pedidas no tienen realmente la importancia que se les ha dado, pues consisten simplemente en algunas grietas de escasa importancia encontrándose las cubiertas de la parte en que están, en buen estado, por lo que la reparación ascenderá aproximadamente a unas dos mil pesetas no existiendo hoy peligro alguno de ruina.”

Sin embargo, dice el Arquitecto Municipal, existen otros problemas, mucho más graves “cuya reparación es urgentísima, si se ha de evitar que no ocurra con este hermoso templo, el primero y mejor después de la Catedral, lo que en ésta última”. Se refiere al hundimiento del cimborrio de la Catedral acaecido recientemente en ese momento, concretamente, en 1888. Esta ruina causó gran alarma en Sevilla.

“No figuran en la petición más que las obras en la parte correspondiente a esas grietas, y en cambio existen desperfectos y vicios de construcción, cuya reparación es urgentísima si se ha de evitar que no ocurra con este hermoso templo, el primero y mejor después de la Catedral, lo que en ésta última.  Las cubiertas de las naves laterales, son casi planas y como consecuencia entran las aguas en términos de que las bóvedas que cubren, están completamente manchadas y desprendiéndose, y las maderas podridas en gran parte. Estas cubiertas hay necesidad de elevarlas o de lo contrario, y en plazo muy corto, vendrán al suelo lo mismo que las bóvedas. Dos de los arcos torales tienen grandes canales para recogida de aguas y por su mala disposición dan lugar a que se filtren, y además del daño causado en los arcos sus hermosas pinturas se van desprendiendo. Ambas obras son urgentísimas así como el recorrido de los vuelos y azoteas, que deben disponerse en términos de que no sufran alteración con las heladas, empleando los pavimentos de cemento y canales de zinc u hojalata en los arcos torales. Todas cuyas obras no bajaran de treinta y cinco o cuarenta mil pesetas, pues las cubiertas de las naves laterales hay que elevarlas y techarlas casi en su totalidad nuevas. En resumen las obras necesarias y urgentísimas en la Iglesia del Salvador no bajarán de cuarenta mil pesetas.”

Resulta realmente curioso que hace ciento diez años, con inspecciones sólo visuales y sin tecnología alguna de control, se llegaran a conclusiones muy semejantes a las que hemos llegado después de muchos años de estudios, controles y verificaciones estructurales. Supone, también, una reafirmación en el diagnóstico que hemos realizado y que ha dado lugar al Proyecto de Restauración, actualmente en realización.

Por supuesto, estas obras “urgentísimas” nunca llegaron a realizarse, y el Salvador ha llegado, a trancas y barrancas, hasta nuestros días en la misma situación delicada. En el año 1987 comienzan las obras de emergencia, debidas al mal estado del templo, proyectadas y dirigidas, desde entonces, por el Arquitecto Fernando Mendoza, por iniciativa del entonces cura Párroco, D. Manuel del Trigo Campos.

El reconocimiento de los valores artísticos y monumentales del Salvador llegó muy tarde: Fue declarada Monumento Histórico Artístico de Carácter Nacional el 5 de Febrero de 1985. Para el Plan General de Sevilla, está catalogada con la letra A (Protección Integral) lo que supone que sólo admite obras de restauración, como las que se llevaron a cabo entre 2001 a 2008.

1 Emilio Gómez Piñól “La Iglesia Colegial del Salvador….” 

La Luz

La Iglesia del Salvador, tal y como fue concebida por los arquitectos Esteban García y José Granados es un templo lleno de luz, como una luminosa metáfora de la Divinidad: la luz es Vida y Salvación.

Pero las cristaleras que podemos ver hoy en la iglesia no son las que existieron en el momento de la inauguración del templo en 1712, donde se lucía un gran ventanal al Sol naciente y cuya luz penetraba por numerosos cristales soplados transparentes y alambrados de plomo o estaño formando cuadrados y hexágonos. En 1870 se instalaron  las vidrieras que hoy vemos con el patrocinio de los duques de Montpensier.

Los esquemas compuestos por los cristales son de naturaleza casi exclusivamente geométrica, de matriz hispanomusulmana, con motivos estrellados y florales que dejan un espacio para el emblema de la Colegial, la cruz sobre la bola del mundo.

Los colores son tan intensos que el paso del sol crea efectos de luces coloreadas sobre la piedra, ensalzando su simbología religiosa en una iglesia cuyo tema fundamental era la celebración de la Luz Divina.

La simbología de la luz en el mundo cristiano queda, por tanto, especialmente patente en la Iglesia del Salvador; “la luz ilumina la naturaleza para que el hombre pueda contemplarla y orientarse, ilumina los caminos de la vida para que puedan ser recorridos, es la claridad indispensable para que el hombre pueda orientarse”.   Es sin duda, este marco sensorial, uno de los protagonistas de nuestra visita en  un recorrido sin igual por la Huella de lo Sagrado.

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