Retablos destacados
Iglesia de El Salvador

Retablo Mayor

El Altar Mayor, junto con su retablo, ocupa el último tramo oriental de la nave central. Se encuentra sobre una elevación a la que se llega a través de tres escalones de mármol y donde los devotos celebran los oficios y comparten la Eucaristía. Este colosal y espléndido retablo fue construido por Cayetano de Acosta entre los años 1770 y 1779. Está considerada como su mejor obra, y fue la que le consagró como uno de los escultores de retablo más importantes del barroco dieciochesco. Impacta por su excepcional programa iconográfico y por su rica gama cromática. Es el último gran retablo del barroco en España.

El retablo mide 21 metros de alto por 10,50 metros de ancho, si lo comparamos con el retablo mayor de la Catedral, el retablo más grande del mundo cristiano, veremos que éste mide 27,80 metros de alto por 18,20 metros de ancho, por tanto, y a pesar de que el retablo de la Catedral es de mayores proporciones, esto nos da idea del tamaño y la envergadura del retablo que usted está contemplando en este momento.

 

El retablo, en líneas generales, desarrolla su programa iconográfico de forma ascendente, comenzando por el sagrario y continuando por una Inmaculada Concepción, la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor, acompañado de algunos de los Apóstoles, y finalizando con la figura de Dios Padre. Todo ello rodeado de una gran cantidad de ángeles, arcángeles y ángeles niños que simulan sustentar columnas, tan característicos en el programa iconográfico de esta iglesia colegial.
En el barroco, el retablo deja de tener una mera función de culto, tal y como se había interpretado en la Edad Media, y pasa a ser el lugar de la manifestación de lo santo, un lugar de encuentro entre lo divino y lo humano. Para conseguir este objetivo el retablo debía impactar, emocionar e impresionar al espectador. No olvidemos que era precisamente en el Retablo Mayor donde se ubicaba el mensaje religioso más importante de todo el templo, por lo que su lectura e interpretación debía ser lo más claro posible.

Bóveda

La pintura mural de la bóveda que corona el Altar Mayor está pintada por Juan de Espinal entorno a 1775. Representa la gloria celestial presidida por el Espíritu Santo. Esta pintura viene a ser una continuación del tema principal del retablo, es decir, la apoteosis divina, dando unidad iconográfica a todo este espacio.


Juan de Espinal nació en Sevilla en 1714 y fue uno de los pintores más destacados de la primera mitad del siglo XVIII y que se destacaba, entre otras cosas, por el gran realismo que otorgaba a la pintura de elementos arquitectónicos. En 1760 era el pintor más cotizado de Sevilla destacándose por ser el artista que unió la pintura tradicional sevillana con las nuevas del rococó europeo.

Uno de los rasgos principales de esta pintura mural, es el ilusionismo que crea ante el espectador ya que la composición es tan realista que parece que los mismos ángeles están revoloteando por la bóveda. El pintor consigue este efecto mediante los valientes escorzos de las figuras que parecen salir del espacio pictórico, y de la arquitectura fingida, de hecho fíjese detenidamente en la balaustrada elíptica que rodea toda la composición, parece completamente real. Fíjese también en la rica policromía de la composición que sirve para reforzar esa pintura realista.

En el centro aparece el Espíritu Santo, representado por una paloma, rodeado de una multitud de ángeles mancebos y niños, algunos de ellos apoyados en la balaustrada y otros revoloteando entre nubes. Es una composición muy dinámica, con mucho movimiento en las figuras donde los paños están muy bien elaborados con multitud de pliegues.

Con esta obra Juan de espinal demostró ser un buen conocedor del tratamiento de la perspectiva, los escorzos y la pintura ilusionista.

Retablo Portada de la Capilla Sacramental

El Retablo Portada de la Capilla Sacramental forma parte del conjunto de los 3 grandes retablos de la Iglesia Colegial del Divino Salvador.

 

Obra maestra del escultor y retablista  portugués Cayetano de Acosta, realizado entre 1756 y 1764. Precisamente fue el éxito profesional adquirido con la creación de este gran Retablo Portada lo que le llevó al Cabildo de la Colegial a encargarle el retablo mayor del templo, considerado como una de las obras cumbres de la retablística barroca sevillana.

Este Retablo Portada sirve como acceso al interior de la Capilla Sacramental, una capilla dedicada al Santísimo Sacramento y, por tanto, su tema iconográfico debía estar dedicado a la exaltación de la Eucaristía.

El retablo es de estilo rococó y se compone de banco, 2 cuerpos en altura divido en 3 calles cada una y un monumental remate. La planta del Retablo es algo cóncava.

Retablo de la Capilla Sacramental

Está realizado por el retablista y escultor portugués Cayetano de Acosta entre los años 1756 y 1764. Se puede considerar, sin duda alguna, como su obra cumbre, la obra que más gloria y reconocimiento le dio, aunque no por ello se libró de las críticas de algunos de sus contemporáneos. Por sus dimensiones, por su programa iconográfico, por su barroquismo, esta obra puede considerarse como la gran locura y la gran hazaña de Cayetano de Acosta.

Compleja construcción típica del barroco de colosales dimensiones. . Su ornamentación muestra una rica simbología, comenzando por el Cordero místico, en la parte inferior, y seguido por las espigas de trigo, los racimos de uva y el cáliz, símbolos alusivos al Sacramento de la Eucaristía.

También cuenta con un bello conjunto  escultórico,  con una excelente corte celestial caracterizada por multitud de ángeles, más de cuarenta, y santos distribuidos por todo su espacio. Nos encontramos con un espacio teatral, un espacio concebido como escenario para contemplar y reflexionar.

Todo esto tiene una explicación y es que este Retablo-portada da acceso al recinto más sagrado del templo, el lugar reservado a la Eucaristía, el Sancta Sanctorum. Un lugar tan importante, dentro del recinto, debía tener unas características especiales. Esta portada está hecha de tal forma, llama tanto la atención, que invita al espectador a entrar en el recinto que custodia.

Por otro lado no podemos olvidar que el arte barroco tenía una clara intencionalidad educativa y persuasiva, se pretendía involucrar al espectador en la obra que estaba contemplando para que se identificara con ésta y así transmitirle una enseñanza. De este modo, el arte en mayúsculas, es decir, el arte en todas sus facetas, arquitectura, escultura y pintura, fue considerado como el mejor método para propagar la Fe, defender la religiosidad o inculcar la práctica de la oración y la penitencia por los pecados cometidos.

El arte se convierte en un material pedagógico importantísimo. Con la riqueza visual, el esplendor decorativo de los grandes retablos, como éste, se pretendía estimular los sentidos del espectador con el único objetivo de educarle. Los grandes retablos se convierten en escenas teatrales donde se transmiten ciertas enseñanzas que debe captar el espectador. Precisamente este es el objetivo de esta gran portada-retablo: la exaltación de la Eucaristía.

Retablo del Cristo del Amor

Al contemplar este retablo, seguramente, lo primero que nos llama la atención, es el magnífico crucificado que se encuentra en el hueco central, bajo un dosel.

 

El Cristo del Amor se puede considerar como uno de los mejores crucificados de la ciudad, una obra maestra de la escultura barroca española y la talla más interesante del escultor Juan de Mesa y Velasco. La obra fue contratada por la Hermandad del Amor, el 13 de mayo de 1618 y fue terminada en 1620. En este contrato se solicitaba la talla de dos imágenes por parte de Juan de Mesa: un crucificado de madera de cedro, clavado en una cruz de borne y una figura de la Virgen que debía ser de tristeza, imagen que también puede verse en este retablo bajo la advocación de la Virgen del Socorro.

Es de una perfección anatómica absoluta. Juan de Mesa supo plasmar, con total naturalidad, un cuerpo humano perfecto que reflejaba, con impresionante realismo, el drama y sufrimiento de una muerte en la cruz.  Su tronco y las costillas están perfectamente talladas y lo mismo puede decirse de las inserciones musculares, no le falta ningún detalle, en definitiva, puede decirse que este crucificado es, sin duda, la mejor y más perfecta representación de la muerte de Jesús que ha hecho el hombre, un escultor que sabía tratar, a la perfección, el cuerpo humano justo en el momento de su muerte.

Como conclusión recitar lo que el historiador José Alonso Morgado dijo sobre el Cristo del Amor

“Más la belleza que revela este crucifijo no es sólo la de un hombre perfecto que muere con santa resignación, sino la del Escogido entre los escogidos. Su cabeza es hermosísima, la expresión de sus ojos, casi cerrados, es melancólica y dulce al propio tiempo; la boca entreabierta anuncia el último esfuerzo de la naturaleza al separarse el alma del cuerpo”.

Al lado izquierdo del retablo podemos contemplar la imagen de la Virgen del Socorro. Espléndida talla de la Virgen María, una talla dolorosa cuya autoría se atribuye, igualmente, a Juan de Mesa y Velasco y ejecutada entre 1618 y 1620.

Completa el conjunto  una magnífica talla de San Juan Evangelista, obra del  escultor Antonio Castillo Lastrucci y realizada en 1935 y la espléndida imagen de San José con el niño Jesús en brazos, talla de finales del siglo XVIII atribuida  al escultor Pedro Roldán o, en todo caso, a su círculo más cercano.

Retablo de Santa Ana

El retablo de Santa Ana y la Virgen niña fue realizado en el siglo XVII. En general el retablo está realizado en madera dorada y policromada, de estilo barroco, y se compone de banco, cuerpo de tres calles y remate o ático.

 

En los laterales del banco aparecen dos tablas pintadas con imágenes de santas una de Santa Teresa y otra de una Santa sin identificar. La hornacina central  alberga el extraordinario grupo escultórico de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen Niña, obra del escultor José Montes de Oca.

A ambos lados de la misma,  y sobre repisas, aparecen las esculturas de San Joaquín y San Antonio de Padua con el Niño Jesús en brazos, obras del círculo de José Montes de Oca.

El ático, o parte superior del retablo, está rematado con una hornacina en cuyo interior se puede contemplar una imagen sedente de la Virgen del Carmen, talla realizada en el siglo XVIII dentro del estilo del escultor Pedro Duque Cornejo. A ambos lados de esta hornacina superior aparecen las esculturas de dos Santos obispos.

Retablo de la Virgen del Rocío

Este retablo es una obra en madera tallada y dorada, atribuida a José Maestre. Fue realizada entre 1718 y 1731. El retablo está compuesto por un banco, cuerpo dividido en 3 calles y un ático con forma semicircular.

 

En su origen fue un retablo dedicado a los Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel  pero, desde mediados del siglo XX, está presidido por una talla de la Virgen del Rocío, réplica de de la patrona de Almonte y propiedad de la Hermandad del Rocío de Sevilla. La talla es una obra del conocido escultor Sebastián Santos Rojas.

En el ático, dentro de una hornacina, se ubica una talla de la Inmaculada Concepción y, tras ella, situado en el fondo de la hornacina, el relieve de un Sol.

A raíz de la restauración, ha aparecido junto a este retablo, en su lado derecho, una pintura mural de la Inmaculada Concepción. Es una pintura fechada hacia el siglo XVIII donde la Inmaculada centra la composición. Aparece vestida con una túnica blanca y un manto azul y está coronada de estrellas.

Debajo de la composición se ha pintado un paisaje clásico y encima de la Inmaculada, aparece la representación del Espíritu Santo acompañado de cabezas de serafines.

Retablo Santa Justa y Rufina

En el último tramo de la nave derecha del templo, entre la capilla de la Milagrosa y el Baptisterio, se ubica este retablo, concluido en 1730 y realizado por Juan de Dios Moreno.

 

La ornamentación en el retablo de las Santas Justa y Rufina adquiere unas formas muy características. . Así el retablo queda cubierto por toda una gama de elementos vegetales  propios de la decoración de retablos y yeserías del siglo XVII, de clara inspiración manierista. Junto a éstos, guirnaldas, tallos ondulantes, flores que nacen de las formas salomónicas y pequeñas figuras de ángeles que se encuentran en pedestales y remates de los soportes.

En el interior de la hornacina central,  aparecen instrumentos de tortura que aluden a los martirios de las santas (látigo, cuchillos, parrilla, etc. También son muy interesantes los motivos que aparecen en los laterales internos de ésta misma hornacina, son pequeños cántaros y vasijas que aluden al oficio de alfareras de las santas.

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